
Un poco de Historia
Entre los años 1935 a 1940 las propiedades de las hormonas esteroides en el ser humano fueron estudiadas y se revelaron sus extraordinarias funciones. Así se determinó que la hormona femenina o progesterona era vital para la evolución normal del embarazo y los estrógenos eran indispensables para normalizar el ciclo menstrual. La obtención de estas sustancias en forma artificial (síntesis) era prácticamente imposible en esa época, por lo que la búsqueda de fuentes naturales en organismos animales y vegetales se consideró una meta fundamental de las investigaciones farmacéuticas.
Inicialmente la progesterona se obtuvo de la orina de yegua preñada, pero su costo era elevadísimo, cotizándose el gramo de esta sustancia en 80 dólares (precio prohibitivo para la mayor parte de la población). Esto obligó a la búsqueda de sustancias similares o precursoras de la progesterona en el reino vegetal y motivó que, en 1939, un grupo de científicos, encabezados por el doctor Marker E. Russell, explorara vastas regiones del sur de Estados Unidos y norte de México, logrando examinar más de 400 especies pertenecientes a familias botánicas características de esa región (Agavaceae, Amarilidaceae, Cactaceae, Lileaceae, etc.). Como resultado obtuvieron datos de su composición química, particularmente de las sustancias conocidas como sapogeninas que se consideraban la materia prima fundamental para la síntesis de hormonas.
Sin embargo, los resultados fueron pobres y en muchos casos infructuosos lo que obligó al Dr. Russell a explorar la región sureste de México en la que existía la práctica de pescar utilizando la raíz molida de una planta denominada barbasco. Esta al consumir el oxígeno disuelto del agua producía espuma (indicio de la presencia de sapogeninas), que ocasionaba la asfixia de los peces y facilitaba su captura
Se descubre la maravilla.
Al analizar la planta, conocida también como cabeza de negro, encontraron en el rizoma un elevado contenido de una sapogenina a la que bautizaron con el nombre de diosgenina en referencia a su nombre botánico (Dioscorea mexicana). La disponibilidad del recurso y su alto contenido de diosgenina permitieron al Dr. Russell su aislamiento y, en 1942, la síntesis de 2 kilogramos de progesterona en un improvisado laboratorio montado en el baño de un hotel de la ciudad de México. De acuerdo a los registros de esa época, la cantidad obtenida de progesterona equivalía al 50% de la producción mundial anual. Este hecho ha sido considerado como el acontecimiento más extraordinario en el ámbito farmacéutico internacional y colocó a México como país líder en la producción de diosgenina y sus derivados químicos como la progesterona.
Nuestro país mantuvo su posición como el principal productor durante 30 años (1945-1975) gracias al descubrimiento de otra especie de dioscorea conocida también como barbasco (Dioscorea composita Hemsl.), lo que además permitió que pasara al escenario mundial de las materias primas farmacéuticas estratégicas.
La abundancia de este notable recurso permitió la investigación y el desarrollo farmacéutico más importante de este siglo, realizándose la síntesis de un gran número de fármacos que desde 1945 han aliviado muchas enfermedades y disfunciones de grandes núcleos de la población mundial. Otra trascendental contribución del barbasco a la humanidad fue la de la obtención de los derivados hormonales para la píldora anticonceptiva, que facilitó el control de la natalidad desde 1960 en cuando menos 60 países. Paradójicamente, en México no funcionaron las campañas y programas al respecto y los índices de natalidad se mantuvieron elevados durante aproximadamente dos décadas (1960-1980).
En la actualidad se calcula que se han obtenido más de 1 200 fármacos o compuestos a través de la diosgenina, entre los que destacan: productos hormonales (tratamiento de disfunciones diversas como amenaza de aborto, cáncer uterino, cáncer prostático, impotencia sexual, etc.); corticoides (tratamiento de alergias, artritis reumatoide, procesos inflamatorios, lesiones cutáneas, etc.); anabólicos (tratamiento de trastornos metabólicos); anticonceptivos (control de la natalidad) y hormonas para control biológico.
